Intento mirar al pasado de frente sin derramar una lágrima.
Ellas se funden con mis horas muertas y mientras corretean por mis mejillas a sus anchas, dibujan un camino hacia mi tráquea, hasta llegar al esternón.
Todas ellas, se fusionan alimentando cada hueco de mi caja torácica.
Se han hecho nido cual crisálida para transformar lo que un día dolió.