Hace tiempo que no escribo y debería decir que lo echo de menos. Pero no me apetece vomitar estrofas con renglones de heridas pasadas.
Hoy no hablaré de cicatrices ni de cómo alguien puede desmembrarse en cuerpo y alma en unas cuantas líneas que, para la mayoría de los lectores, no tengan sentido.
No hablaré de cómo alguien puede ser, estar y parecer sin naufragar en el intento.
Tampoco hablaré de ese equilibrio torpe entre lo que se siente y lo que se muestra.
Como si existir fuera un ejercicio de contención constante.
Hoy escribo solo para nombrar el margen.
Ese lugar donde no pasa nada, pero todo permanece. Sigue paralizado, al tanto. Esperanto un atisbo.
Algo que no empuje ni salve. Pero que te sostenga.
Y quizá eso también sea escribir.
En ese margen protector.
Callado.
Discreto.
Mágico.
Ahí, donde quisiera mantener mi cordura o perderla si fuera necesario.
Porque vale la pena.
Porque ya es necesario y porque lo merezco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario