Me olvidé de olvidar

Te pido perdón, me olvidé de sonreír. Olvidé poner dos pinzas en mis hoyuelos hasta provocarte una sonrisa. Olvidé también, apartar las nubes para que puedas ver como al amanecer, el cielo se tiñe de rojo y violeta. Te pido disculpas, olvidé dejarte el último sorbo de vino que sueles probar de mi boca. Que sabes que me gusta tanto, que acabo lamiendo los tuyos.

Podríamos ser

Podría decirte, que es precioso ver el reflejo en tus ojos del atardecer en el mar. 
Que aunque sabes que soy más de montañas, muero por probar en tu piel el sabor de la sal.
Que me niego a creer que solo las olas acarician tu espalda y que quiero ser tsunami en tu cuerpo. 

Un poema para cada herida

Todavía me quedan heridas en la piel a las que no les he dedicado ningún poema. Todas tienen algo en común: no las he nombrado, no las he mi...