Versos silenciados

No, la poesía no cura las heridas.
Ni siquiera ayuda a cerrar cicatrices.
Tampoco sirve para camuflar los viejos fantasmas del pasado.
No le eches la culpa a la pluma de tu necesidad de vomitar metáforas que nadie comprende.
Ni siquiera es culpable de la resaca emocional que creas en tu mente y después intentas superar desmembrando versos áridos que no te atreves a sacar a la luz.
Maldita mente la tuya, que solo es capaz de desahogar tus gritos con la poesía, escribiendo siempre en tercera persona, ajena a los hechos.
No le eches la culpa a la poesía de haberte levantado tantas veces de ese lodazal en el que estabas sumergida.
Ella no te escucha.
Solo está ahí para plasmar cada uno de esos sentimientos reprimidos que te niegas a gritar.
Pero, joder, ¿por qué te sientes tan bien cuando estás con ella?
¿Por qué sientes que te ayuda a desenredar esos nudos que son un vórtice tóxico que no te deja respirar?
Y, aunque te niegues a aceptarlo, la poesía es la única que quedará cuando ese grito te sacuda.




Escalar el abismo

¿Cómo se desenreda un nudo en la garganta?
Tengo la sensación de que he estado toda la vida intentando salvar a todo el mundo y me olvidé, por un momento, de salvarme a mí misma.
Dejé que todo lo que quedaba de mí cayera en un abismo del que solo yo podía salir.
Cansada de sostener la soga para no dañar a otros, sin importar qué daño pudiera causarme.
Me di cuenta de que todas y cada una de esas heridas ya no supuran y quieren curarse, sin importar el tiempo que tarde.
Dejé que la luz se colara por esas grietas y me sorprendió ver cuánto puedo iluminar.
Dejé de contar mis pasos y mis paradas.
Aprendí a subirme al tren sin importar el destino ni el mañana.
Ya perdí demasiado tiempo.
Y aunque a menudo creo haber llegado tarde a todo,
aprendí que nunca es tarde para vivir el momento.
Si todavía me pueden las ganas.
Y después de lanzar la soga al abismo y desenredar parte de esos nudos,
puedo sostenerme sin que la vida sea un constante vértigo.




Pequeños trofeos que no caben en versos

Quise mirar en mi interior y pensar en todo lo que he aprendido en el proceso.
Pero sé que no cabe en un poema.
Las lecciones, aunque profundas, no pueden encerrarse en versos.
Sé que todo lo que he aprendido lo guardo en silencio, dentro de mí, como pequeños trofeos ganados con tanto esfuerzo, que solo tú sabes cuánto significan.
Y aunque intente darles forma, sabes que es algo que solo el alma entiende, y que el papel nunca podrá abrazar.






Un poema para cada herida

Todavía me quedan heridas en la piel a las que no les he dedicado ningún poema. Todas tienen algo en común: no las he nombrado, no las he mi...