Es difícil convivir con esa voz en tu cabeza que no consigues callar nunca. Esas expectativas que crea esa maldita voz, solo consigue que la frustración lidere la parte coherente que creías tener intacta.
Te recuerda constantemente que tienes asignaturas pendientes que debes solventar.
Por más que te empeñas, solo consigues ver una imagen distorsionada de lo que algún día quisiste alcanzar.