Todavía me quedan heridas en la piel a las que no les he dedicado ningún poema.
Todas tienen algo en común: no las he nombrado, no las he mirado con la atención que merecen.
Siempre pienso que bajo mi armadura puedo guardar todo lo que solo yo puedo entender.
O quizá tema que mi pluma no cese de escribir sobre ellas.
Tal vez, una vez comience, no las podré detener.
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