Conexión

Cuando estoy en la montaña, me gusta cerrar los ojos, sentir la brisa en mi rostro y oír los árboles murmurar. Es como si el mundo inhalara y exhalara una y otra vez. 
Ellos están conectados por una fuerza especial y se protegen unos a otros. 
Qué bonito sería que eso sucediera con las personas. Que con tan solo una mirada, pudieras penetrar en su tristeza o su melancolía y deshacer cada nudo que oprime su pecho y liberes de toda esa carga que cree que debe soportar. 

En reconstrucción

Me he dado cuenta de que necesito una completa rehabilitación. Intento una y otra vez que mi espacio sea habitable, cuando en realidad sé que necesita cimientos más fuertes. Me niego a demoler lo que tanto me costó mantener en pie. Después de tantas tormentas, necesito creer que todo lo que intenté sostener durante tanto tiempo, ha servido para evitar el derrumbe. Esta vez no levantaré muros infranqueables. Sé que debo arreglar tabiques que quedaron agrietados.

Cielo en llamas

El cielo está en llamas y varias sombras danzan en derredor realizando su ritual nocturno. 
Las estrellas comienzan a desnudarse y pronto exhibirán su brillo majestuoso.
Intento atrapar entre mis dedos, ese intenso color antes de que la noche lo devore.

Dulces sueños

Te has acurrucado de nuevo entre mis sábanas. Aunque esta vez no cubriré tu cuerpo cuando tengas frío. Mis nudillos ya no sangran al golpear la almohada, creo que aprendí a protegerlos con mitones de acero.

Pregunta mañana

¿Que cómo estoy? Bien...
Bueno, tengo que decir la verdad, no?
¿Puedes preguntar mañana? Prometo estar bien entonces. Prometo decirte que me he sonreído, que he bailado descalza y en ropa interior.
Hoy necesito no estar bien, creo que puedo permitirme un día así, no?
Mañana quizá te cuente mis progresos. Tal vez te diga que tengo tantos proyectos que no sé por dónde comenzar.

Un poema para cada herida

Todavía me quedan heridas en la piel a las que no les he dedicado ningún poema. Todas tienen algo en común: no las he nombrado, no las he mi...