Dices que te he abandonado, que me he olvidado de todo lo que perdimos y lo
que nos hicimos. Me reprochas por seguir mi camino y crees que he borrado
tus huellas. Que deshice esa maleta de cobardía y me disfrazo de valiente.
El arte es el mecanismo de defensa más potente del que disponemos para curarnos, deshacer los nudos y liberarnos. "Kintsugi" (Olelibros)
Dices que te he abandonado, que me he olvidado de todo lo que perdimos y lo
que nos hicimos. Me reprochas por seguir mi camino y crees que he borrado
tus huellas. Que deshice esa maleta de cobardía y me disfrazo de valiente.
Me siento como esas motas de polvo que flotan danzando bajo el sol, pero no van a ningún lugar.
Mientras levito, los rayos del sol impregnan mi rostro de tristeza y resbalan como pequeñas perlas efímeras que se evaporan con el calor.
Aprieto mis manos contra mi pecho como si quisiera exprimir el jugo de la dicha.
Mis monstruos nunca duermen
Intento cada noche acunarlos para que descansen
Abro los ojos
La vida vuelve a aparecer ante mí
Otro día más
Vuelvo a desatar los nudos que dejaron por la noche
Ahora ellos duermen
Y mientras
La vida aparece ante mí
Espero que te guste lo que lees
Si te ha gustado, puedes apoyarme y adquirir un ejemplar de Kintsugi, mi primer poemario.
Muchas gracias por leerme.
Estoy balanceándome en un columpio, mi cuerpo se eleva cada vez más, ya no necesito ejercer fuerza con mis piernas, la inercia incrementa la amplitud elevándome a lo más alto. Como si una tormenta de arena atravesara mi cuerpo, el aire sacude mi rostro y araña con partículas de recuerdos pasados y presentes.
Dime, ¿Cómo lo hago?
¿Cómo hago para no rendirme? Cómo hago para descalzarme esta aflicción que me pesa al avanzar. Mi mente está sumisa en una extraña danza de letras incoherentes que no consigo descifrar.
Y me pesan
Y me ahogan
La poesía debería ser suficiente para vomitar todos los cristales que tragas por el camino
Debería ser suficiente
Para desterrar la frustración y hacerle un hueco al triunfo
Derramé la conciencia de un sueño vacío de alfileres rotos
Ya no se quedan clavados en mi memoria
Los tragué uno a uno hasta ingerir el fármaco perfecto
La cura deliciosa que mate la culpa
No fui consciente de lo que me costó volver a ese lugar. Pisar de nuevo esas baldosas que tantas veces me vieron caer, que recogieron tantas lágrimas y rasguños. Hasta que no sentí ese escalofrío oscuro que recorría todo mi cuerpo.
Manejo mi inspiración como puedo
o es ella la que me dirige
porque después me sorprendo en mis peores versos
y en miradas torvas indefinibles
Todavía sostengo tu mirada entre mis manos
de un portazo anuncio mi huida
me bebo tus ganas
reclamas las mías
Me he dejado los nudillos y las lágrimas contenidas
que sigo en pie
Podría escribir una versión diferente de este poema, pero la esencia debe permanecer. Igual que la tuya. Sí, esa esencia que te hace especia...