Entre grito y grito

En ocasiones, cierro la puerta del abismo y me permito volar.

Soy cometa descontrolada que sobrevuela los cielos.

Que pinta un nuevo paisaje en ese lienzo mudo.
Que arranca esquirlas para plantar bellas flores.

Miraré al espejo y será mi verdad la que apuñale los secretos que se esconden detrás de la imagen.

Desmembraré las palabras quebradas y trenzaré esas que no consiguen liberarse.
Quizá así, entre grito y grito, el silencio despierte del profundo sueño.



Eres

Hace tiempo que no me escribo y no es que me haya olvidado de mí, que siempre me tengo presente, en todos mis sueños, en todas mis ilusiones y en todos mis fracasos.

Tú, que te escondes en ese universo onírico en el que te encierras teniendo conversaciones a medias contigo misma, conversaciones que podrías tener con más personas pero jamás tendrás por miedo a enfrentarte a la gente o simplemente por miedo a enfrentarte a ti misma.

No me vale

 No, no me vale

No me vale creer que he llegado tarde a todo 

No me vale seguir legrando la herrumbre de mis huesos 

Intentar desbrozar lo que creí que eran obstáculos 

No me vale engullir más benevolencia renga 

Todas ellas

Siempre he creído saber quién soy 

Pero en realidad no sé bien si soy la persona que era antes

Quizá soy el reflejo de lo que fui

O simplemente una diminuta partícula de lo que pude ser

Hasta que anochezca

Apareces cuando menos lo espero.

Cuando pensé que ya no volverías.

Sigilosamente, te acercas y vas construyendo tu castillo, que es mi celda.

Mientras, arañas mi piel con los restos de tus escombros.

Me pido perdón

Hoy me pido perdón, por todas esas veces que me fallé.

Por las veces que no estuve cuando más me necesité.

Hoy me pido perdón

No fui yo

Dices que te he abandonado, que me he olvidado de todo lo que perdimos y lo 

que nos hicimos. Me reprochas por seguir mi camino y crees que he borrado 

tus huellas. Que deshice esa maleta de cobardía y me disfrazo de valiente.

De vez en cuando

Me siento como esas motas de polvo que flotan danzando bajo el sol, pero no van a ningún lugar.

Mientras levito, los rayos del sol impregnan mi rostro de tristeza y resbalan como pequeñas perlas efímeras que se evaporan con el calor.

Aprieto mis manos contra mi pecho como si quisiera exprimir el jugo de la dicha.

Mis monstruos nunca duermen

Mis monstruos nunca duermen 

Intento cada noche acunarlos para que descansen 

Abro los ojos 

La vida vuelve a aparecer ante mí 

Otro día más 

Vuelvo a desatar los nudos que dejaron por la noche 

Ahora ellos duermen 

Y mientras 

La vida aparece ante mí 






Espero que te guste lo que lees

Si te ha gustado, puedes apoyarme y adquirir un ejemplar de Kintsugi, mi primer poemario.

Muchas gracias por leerme.

Tormenta de recuerdos

Estoy balanceándome en un columpio, mi cuerpo se eleva cada vez más, ya no necesito ejercer fuerza con mis piernas, la inercia incrementa la amplitud elevándome a lo más alto. Como si una tormenta de arena atravesara mi cuerpo, el aire sacude mi rostro y araña con partículas de recuerdos pasados y presentes.

¿Cómo lo hago?

Dime, ¿Cómo lo hago?

¿Cómo hago para no rendirme? Cómo hago para descalzarme esta aflicción que me pesa al avanzar. Mi mente está sumisa en una extraña danza de letras incoherentes que no consigo descifrar.

Y me pesan

Y me ahogan 

Instrucciones para no rendirse

Podría escribir una versión diferente de este poema, pero la esencia debe permanecer. Igual que la tuya. Sí, esa esencia que te hace especia...