Un futuro imperfecto

Sostengo tu mirada en nuestro pretérito tan imperfecto.
Como si no hiciera mella en nuestros rostros y en nuestra sonrisa. 
Espero, tal vez, que dediques una sonrisa, de esas que germinaban y se acunaban en mi pecho.
Aguzo en oído, con la esperanza de encontrar en tus palabras esa melodía que siempre quise tararear junto a tu boca.
Aprieto mis manos contra mis pulmones e intento inhalar y exhalar el poco aliento que nos queda en esta fría estancia.

Sacudirse y seguir

Estoy aprendiendo a mirar a la gente a los ojos y a la vida de forma distinta.
Sin que se quiebren mis pupilas por el llanto contenido.
Intento cada día quererme un poquito más de lo que un día me quise o me odié.
Llevo en mi regazo todos mis sueños acumulados y los acuno. 
Algún día, tomarán forma, se erguirán y levantarán su vuelo, o eso espero. Para eso estoy tejiendo mis alas.
No soy artista, no soy pintora ni soy poeta.

Dónde coloco las palabras

No sé bien en qué lugar colocar las palabras.
Quizá las deje asomar poco a poco, mientras se deslizan por mi tráquea, se abran paso, deshaciendo todos esos nudos que encontrarán por el camino. 
Tal vez, si las dejo huir, se escapen disparadas como proyectiles a gran velocidad y ellas solas encuentren el sentido. 
Tampoco sé en qué lugar lanzar mi silencio. 
Ese que se agarró fuerte en mis cuerdas vocales. 
Me ahoga un grito y solo deja escapar un gemido que, a menudo, se atraganta y baja hasta mi caja torácica. 

Aprendiendo lo desaprendido

Estoy dejando de buscar respuestas absurdas en ese viejo baúl carcomido de culpas y desastres. 
Estoy dejando la culpa atrás, mientras camino, incluso con miedo, por lugares que no había pisado antes. 
Estoy extrayendo las esquirlas una a una sin desmembrar esas partes de mí que una vez no lo fueron.
Y qué más da lo que venga.
Si ya no importa si caigo.
Ya sé cómo levantarme.
Estoy aprendiendo lo desaprendido.

Es mi momento

Calzarse unos tacones de los que no duelen.
Vestirme con un tejano pitillo de los que ciñen la seguridad de seguir luchando por tus sueños. 
Ponerse un jersey que deje al descubierto los hombros y la sonrisa. 
Caminar pisando fuerte y comiéndose el mundo, dejando ese camino al que no debes volver.
Pasear por lugares increíbles, dando la espalda al pasado.
Dejar de tener conversaciones vacías con esa persona que fuiste y ya no serás.
Convertir tu angustia en risas.
Tus miedos en metas.
Tu llanto en logros.
Tal vez no llegué tarde.
Quizá ahora es mi momento. 











Asignaturas pendientes

Es difícil convivir con esa voz en tu cabeza que no consigues callar nunca. Esas expectativas que crea esa maldita voz, solo consigue que la frustración lidere la parte coherente que creías tener intacta.

Te recuerda constantemente que tienes asignaturas pendientes que debes solventar.

Por más que te empeñas, solo consigues ver una imagen distorsionada de lo que algún día quisiste alcanzar. 

Seguir

No me paré a pensarlo, lo hice sin más, seguí y posiblemente sea el acto más valiente que haré jamás. 
Quizá en el recorrido, muestre mi vulnerabilidad más de lo que me gustaría. 
Tal vez tengas tantas dudas sobre mí, que no sabrías cómo formular las preguntas. Déjame decirte que, todavía no encontré las respuestas y que quizá nunca lo haga. 

Promesas

La última vez que tuve una discusión conmigo, me prometí no gritarme más. 
Me prometí no hacerme daño y demostrarme que valgo más de lo que creía y que puedo conseguirlo.
Me juré no volver a pisar más ese maldito vagón de sueños frustrados y de cadenas que atan y dejar que ese tren se fuera lejos. 

Grandes pasos

Hay días en que no estoy. 
No me pertenezco.
Ni soy paz, ni soy trinchera. 
Ni soy fuego, ni soy escarcha. 
Ni soy hogar, ni soy viajera.
Mis pasos han alcanzado caminos que antes creía infranqueables. 

Aprender y avanzar

Cada vez que escribo una nueva página de mi vida, siento que tengo que arrancar otra que no me sirve. A menudo pienso que he aprendido poco del pasado y no necesito medallas para galardonar mis posibles méritos, que a la vez, son mis fracasos. 
Qué debería hacer, pasar página o arrancarla de mi calendario. 

Escapar

Hoy despierta el día cubierto de nubes teñidas de amarillo y naranja.

Me invade la nostalgia y quiero atrapar esas nubes entre mis dedos. Estrujarlas y que sus colores pinten mi cuerpo de miles de tonos diferentes. 

Un día soy lienzo y otro día soy poema. 

Hoy necesito sentir que la adrenalina recorre mi cuerpo como caballos salvajes.

Instrucciones para no rendirse

Podría escribir una versión diferente de este poema, pero la esencia debe permanecer. Igual que la tuya. Sí, esa esencia que te hace especia...