Comenzar a liberarse

Otras voces habitan mi mente. 
Me prestan sus alas.
Me ceden sus brazos, que me sirven de refugio.
Acarician mi vulnerabilidad.
No se esconden.
No me apagan.
No me azotan hasta sangrar los nudillos.

Mirar a los ojos del mundo y reprimir el llanto contenido

Quisiera tener una perspectiva diferente cuando miro a los ojos del mundo. 
Aprender a contar los minutos, las horas y los días henchida de anhelo.
Engullir mis silencios y que el oxígeno no quede atascado en mi tráquea.

Dejadme que hoy así sea

Hoy no me siento satisfecha. 
Una parte de mí cree que ha fallado.
Quizá he fallado como poeta, como persona. Tal vez como mujer o como madre o como amiga. O puede que sea hoy mi parte guerrera la que ha fallado.
Y no, no es que piense que he dado más o menos de lo que se esperaba de mí. Puede que esa parte de mí crea que no he dado lo suficiente. Que sé que soy muy exigente conmigo y nunca seré suficiente, ni para mí ni para nadie.

Una fina capa cada día

Moví los músculos de mi garganta y mi lengua buscando saliva para poder ingerir mejor mis emociones, pero no la había. Elegí seguir, aunque sabía que estaba cruzando el límite. 
Y quise poner límite a mis pensamientos y a esa absurda idea de que solo pertenezco al abismo.
Recordé todas las veces que me fallé e intentaba rezarle a un ser que no existe, pidiendo auxilio.
Un cuento sin argumento.
Un párrafo desordenado y sin sentido.
Que solo pretendía alcanzar un pequeño destello.
Para creer que todavía es posible.
Nunca tuve sueño ni sueños.

Dejar de buscar

Sigo sin comprender en qué momento pasó. 
Engulleron mis silencios rotos como platos. 
En mil pedazos quedaron todas esas alegorías mal escritas. 
Ese rompecabezas que intenté comenzar y nunca pude terminar. 
Ya no tenía ningún sentido en cada una de sus formas. 
Ni sus conceptos.

Las matemáticas de la vida

Me enseñaron matemáticas y aunque nunca fui de números, me quedé con lo básico.
Aprendí a restarle días a mi vida.
A sumar los pasos que me sacaran del callejón sin salida.
Y a multiplicar los metros hacia el abismo.

Cartas hacia ningún destino

Sigo guardando esas cartas que nunca te envié. Todavía huelen a mí y en algunas de ellas dejo plasmado mis labios en lugar de escribir mi nombre. 
También quemo los bordes e imagino que se trata de un pergamino.
En ellas, guardo decenas de secretos que confieso, a sabiendas de que se quemarán con los bordes del papel. 

Rellenando huecos desesperados

Me he dado cuenta de que ya no tienes ningún valor en mis desvelos.
Que mis sueños merecen mucho más la alegría y no la pena.
Porque sí, porque lo estoy intentando y creo que puedo conseguirlo.
Sigo escuchando esa canción que habla de mí y me desgarraba por dentro y ahora siento que ya no duele tanto.
Y aunque a veces se me escape alguna lágrima, intento no dejar que empañen mis progresos.
Me encanta caminar sin rumbo hacia lugares donde nunca he estado antes.
Ya no me aterra tanto lo desconocido y aunque fuera así, me permito caer, porque ya sé cómo levantarme.

Ponerle nombre

Un día, abres la ventana, contemplas el amanecer, respiras profundamente y te das cuenta de que nunca te pusiste en primer lugar y no consigues llenar ese vacío. 
Miras alrededor y crees que los lugares a los que un día perteneciste de alguna forma, ya no recuerdan tu ausencia. Tan solo tú sabes dónde quedó ese rastro. 
Sientes que necesitas abrazarte hasta dejar de sentir que eres tú, tu problema.
Aprietas con fuerza tus brazos, constriñendo cada parte de tu cuerpo para sanar de una vez a esa niña y que su ira deje de golpearte.

Transformación

Intento mirar al pasado de frente sin derramar una lágrima. 
Ellas se funden con mis horas muertas y mientras corretean por mis mejillas a sus anchas, dibujan un camino hacia mi tráquea, hasta llegar al esternón. 
Todas ellas, se fusionan alimentando cada hueco de mi caja torácica. 
Se han hecho nido cual crisálida para transformar lo que un día dolió.

Todo depende

Todo depende de cómo me he sentido hoy.
Si he sido valiente y he gritado mi nombre.
Si me he atrevido a bailar y a saltar sin motivo alguno.
O puede que haya querido correr bajo la lluvia, sin descanso, hasta no poder más. Hasta que mis miedos calen mis huesos y mis desastres queden empapados en agua limpia y pura.
Que después, pueda deshacerme de todo con una ducha caliente (o fría) y resbale todo lo que no debería importarme para mantenerme viva. 

Instrucciones para no rendirse

Podría escribir una versión diferente de este poema, pero la esencia debe permanecer. Igual que la tuya. Sí, esa esencia que te hace especia...